Filebo
Filebo SÓCRATES. —En todo tiempo, Protarco, mi temor, al pronunciar los nombres de los dioses, no es un temor humano, sino que está por encima de los mayores temores, y por esto doy en este acto a Afrodita el nombre que más debe agradarle. En cuanto al placer, creo que tiene más de una forma, y como ya he dicho, nos es preciso comenzar por él, examinando cuál es su naturaleza. Al oÃrlo nombrar, como nosotros hacemos, se le tomarÃa por una cosa simple. Sin embargo, toma formas de toda especie, y en ciertos conceptos desemejantes entre sÃ. En efecto, fija en ello tu atención. Podemos decir, que el hombre estragado encuentra placer en el libertinaje, y el hombre moderado en la templanza; que el insensato, lleno de opiniones y esperanzas locas, tiene placer, y que el sabio lo encuentra igualmente en la sabidurÃa. Pero si alguno se atreviera a decir que estas dos especies de placer son semejantes entre sÃ, ¿no pasarÃa con razón por un extravagante?
PROTARCO. —Es cierto, Sócrates, que estos placeres vienen de orÃgenes opuestos, pero no por esto se oponen el uno al otro. Porque ¿cómo el placer puede dejar de ser lo más parecido al placer, es decir, a sà mismo?