Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Recordemos aquà lo que he dicho antes con este motivo a Pólux y Gorgias. DecÃa yo, si lo recuerdas, que hay ciertas industrias que sólo proporcionan placer y, limitándose a procurarlo, ignoran lo que es bueno y lo que es malo; y que hay otras que tienen este conocimiento. Entre las industrias que tienen por objeto los placeres del cuerpo he puesto la cocina, no como un arte, sino como una rutina; y he contado la medicina entre las artes que tienen el bien por objeto. ¡Pero en nombre de Júpiter, que preside a la amistad! No creo, Calicles, que debas divertirte conmigo, ni responderme contra tu pensamiento lo que se te viene a la boca, ni tomar lo que yo digo por una fruslerÃa. Ya ves que nuestra conversación versa sobre una materia muy importante. ¿Y qué hombre, en efecto, si tiene algún discernimiento, mostrará por cualquier objeto, sea el que sea, mayor celo que por el de saber de qué manera debe de vivir; si debe abrazar la vida a la que tú le invitas, y obrar como debe obrar un hombre, según tú, discurriendo delante del pueblo reunido, ejercitándose en la Retórica y administrando los negocios públicos de la manera que hoy se administran; o si debe preferir la vida consagrada a la filosofÃa; y en qué esta vida difiere de la precedente? Quizá es mejor distinguir la una de la otra, como quise hacer antes; y después de haberlas separado y haber convenido nosotros en que son dos vidas diferentes, examinar en qué consiste esta diferencia y cuál de las dos debe ser preferida. Quizá no comprendes aún lo que quiero decir.