Gorgias
Gorgias SÓCRATES. —Muy bien. ¿Y qué juicio formaremos de esta Retórica, hecha para el pueblo de Atenas y para los demás pueblos, compuestos de personas libres? ¿Te parece, que los oradores se proponen en sus arengas producir el mayor bien, y encaminar mediante sus discursos a sus conciudadanos hacia la virtud, en cuanto les es posible? ¿O bien los oradores, procurando complacer a sus conciudadanos y despreciando el interés público para ocuparse sólo de su interés personal, sólo se conducen con los pueblos como si fueran niños, con el fin único de complacerles, sin inquietarse en lo más mÃnimo pensando en si se harán mejores o peores?
CALICLES. —Aquà hay que hacer una distinción. Unos oradores hablan teniendo en cuenta el interés público, y otros son como tú dices.
SÓCRATES. —Esa concesión me basta. Porque si hay dos maneras de arengar, una de ellas es una adulación y una práctica vergonzosa, y la otra es honesta, que es la que trabaja para hacer mejores las almas de los ciudadanos, y que se dedica en todas las ocasiones a decir lo que es más ventajoso, sea bien o mal recibido por los espectadores. Pero tú nunca has visto una Retórica semejante; y si puedes nombrar algún orador de estas condiciones, ¿por qué no me dices su nombre?
CALICLES. —¡Por Júpiter! Yo no conozco ninguno entre los actuales.