Gorgias
Gorgias GORGIAS. —Me jacto, Sócrates, de ser de aquellos, cuyo retrato acabas de hacer; sin embargo, es preciso no perder de vista a los que nos escuchan. Mucho antes que tú vinieras les habÃa explicado yo muchas cosas, y si volvemos a tomar el hilo de la conversación, quizá nos lleve muy lejos. Y asà conviene pensar en los que están presentes, para no retener a alguno que tenga otros negocios que hacer.
QUEREFÓN. —Ya oÃs, Gorgias y Sócrates, las demostraciones que hacen los que están presentes, para indicar que su deseo es oiros, si continuáis hablando. En cuanto a mÃ, no permitan los dioses que tenga negocios tan importantes y exigentes, que me obliguen a abandonar una discusión tan interesante y tan bien dirigida, por ir a evacuar algún negocio de imprescindible necesidad.
CALICLES. —Por todos los dioses, Querefón, tienes razón. He asistido a muchas discusiones, pero ninguna me ha causado tanto placer como esta. Os agradecerÃa, pues, de veras que continuaseis la polémica todo el dÃa.
SÓCRATES. —Si Gorgias consiente en ello, no encontrarás en mà ningún obstáculo, Calicles.