La República
La República —Lo he visto claramente —dijo—, pero no por eso adelantarás nada, porque no se me oculta tu mala fe, y por lo mismo no podrás abusar de mà en la disputa.
—Ni quiero intentarlo, bendito —repliqué yo—; mas para que en lo sucesivo no ocurra cosa semejante, dime si deben entenderse según el uso ordinario o con la más refinada precisión, según decÃas, estas expresiones: el que gobierna, el más fuerte, aquel cuya conveniencia es, como decÃas, la regla de lo justo respecto del inferior.
—Al que gobierna es preciso tomarlo en sentido riguroso —dijo—. Ahora pon en obra todos tus artificios para refutarme; no quiero que me des cuartel; pero no lo lograrás.
—¿Me crees tan insensato —dije—, que intente[23] engañar a TrasÃmaco?
—Has intentado hacerlo, pero te ha salido mal la cuenta —contestó.
—Dejemos esto y respóndeme —dije yo—. El médico, tomado en sentido riguroso, tal como decÃas hace un momento, ¿es el hombre que intenta enriquecerse o se propone curar a los enfermos?
—Curar a los enfermos —dijo.
—Y el piloto, hablo del verdadero piloto, ¿es marinero o jefe de los marineros?
—Es su jefe.