La República
La República —Tampoco.
—¿Y la profesión del médico será la misma que la del mercenario porque el médico exija alguna recompensa por la cura de los enfermos?
Lo negó.
—¿No hemos reconocido que cada arte tiene su utilidad particular?
—Sà —dijo.
—Si existe una utilidad común a todos los practicantes de un arte, es evidente que sólo puede proceder de algo idéntico que todos ellos añaden al arte que ejercen.
—Seguramente es asà —repuso.
—Digamos, pues, que el salario que reciben los artistas lo adquieren en calidad de mercenarios.
Convino en ello a duras penas.
—Por consiguiente, no es su arte el que da origen a este salario, sino que, hablando con exactitud, es preciso decir que el objeto de la medicina es dar la salud, y el del mercenariado, rendir un salario, y el de la arquitectura, construir casas; y si el arquitecto recibe un salario, es porque además es mercenario. Lo mismo sucede en las demás artes. Cada una de ellas produce su efecto propio, siempre en ventaja del objeto a que se aplica. En efecto, ¿qué provecho sacarÃa un artista de su arte si lo ejerciese gratuitamente?
—Ninguno, parece —dijo.