La República
La República —Sin duda los hay —dijo—. Pero eso sucede en un Estado muy bien gobernado y que sabe ser injusto hasta el más alto grado.
—Sé que eso es lo que piensas —dije—. Lo que querÃa saber yo es si un Estado que se hace dueño de otro Estado puede llevar a cabo esta empresa sin emplear la justicia, o si se verá precisado a valerse de ella.
—Si la justicia es sabidurÃa, como decÃas antes —respondio—, será preciso que este Estado acuda a ella; pero si las cosas pasan como yo he dicho, empleará la injusticia.
—Te agradezco, TrasÃmaco, que me respondas explÃcitamente y no sólo por signos de cabeza —dije yo.
—Lo hago para complacerte —contestó.
XXIII.—Lo agradezco, pero hazme el favor de decirme si un Estado, un ejército o una cuadrilla de bandidos y ladrones, o cualquiera otra sociedad de este género, podrÃan triunfar en sus empresas injustas si los miembros que la componen actuasen, los unos respecto de los otros, con injusticia.
—No podrÃan —dijo él.
—Y si no se hicieran injusticia, ¿no les irÃa mejor? —Desde luego.
—¿No serÃa porque la injusticia da origen a sediciones, odios y combates entre unos y otros, al paso que la justicia mantiene entre los mismos la paz y la concordia?