La República
La República Se marcha fácilmente por el camino del vicio;
el camino es llano y cercano a cada uno de nosotros.
Por el contrario, los dioses han puesto
el sudor como condición de la virtud.[7]
Y el camino, en este caso, es largo y escarpado. Y si quieren hacer ver que es fácil aplacar a los dioses, citan estos versos de Homero:
Los dioses mismos se dejan aplacar
por sacrificios y oraciones aduladoras,
y cuando se les ha ofendido,
se les aquieta con libaciones y con humo de grasa.[8]
En cuanto a los ritos de los sacrificios producen una multitud de libros, compuestos por Museo y Orfeo, que hacen descender al uno de las Musas y al otro de la Luna, y hacen creer falsamente no sólo a los particulares, sino a ciudades enteras, que por medio de víctimas y de juegos se pueden expiar las faltas de los vivos y de los muertos. Llaman purificaciones[9] a los sacrificios instituidos para librarnos de los males de la otra vida; y sostienen que a los que no los practican les aguardan los más terribles tormentos.
VIII. Todo eso, amigo Sócrates —prosiguió—, es lo que se dice de la virtud y del vicio, así como de la estimación que hacen los dioses de una y otro.