La República
La República —Tienes razón —le dije yo—; se me olvidó decir que, además de pan, tendrán sal, aceitunas, queso, y hervirán cebollas y otras legumbres que produce la tierra. No quiero privarles ni aun de postres. Tendrán higos, guisantes, habas y después bayas de mirto y bellotas, que harán asar al fuego y que comerán bebiendo con moderación. De esta manera, llenos de gozo y de salud, llegarán a una avanzada vejez, y dejarán a sus hijos herederos de una vida semejante.
Pero él repuso:
—Si formases un Estado de cerdos, ¿los alimentarÃas de otra manera?
—Pues entonces, ¿qué es lo que debe hacerse, mi querido Glaucón? —pregunté.
—Lo que se hace de ordinario —respondio—. Si no quieres que vivan miserablemente, haz que coman en la mesa, acostados en lechos, y que se sirvan las viandas y postres que están hoy en uso.