La República
La República —Adivino tu intención —dijo—: quieres ver si admitiremos o no la tragedia y la comedia en nuestro Estado.
—Quizá —dije yo—, y acaso algo más. En este momento no lo sé aún. Pero iré adonde el soplo de la argumentación me lleve.
—Bien dicho —señaló.
—Examina ahora, mi querido Adimanto, si será conveniente que nuestros guardianes sean imitadores o no. ¿No resulta, de lo que antes dijimos, que cada uno sólo puede hacer bien una sola cosa, y que si se aplica a muchas no conseguirá ser bien considerado en ninguna?
—¿Cómo no va a ser as�
—¿No sucede lo mismo con respecto a la imitación, que un hombre solo no puede imitar muchas cosas tan bien como una sola?
—No, ciertamente.
—Menos podrÃa aplicarse a una función importante y al mismo tiempo imitar muchas cosas y sobresalir en la imitación, cuando se ve que en dos cosas, que tanto se dan la mano como la comedia y la tragedia, es difÃcil que un mismo hombre sobresalga en ambas. ¿No las llamabas antes imitaciones?
—SÃ, y tienes razón en decir que no se puede sobresalir a la vez en estos dos géneros.
—Tampoco se ve que un mismo hombre pueda ser a la vez rapsodista y actor.