La República
La República —En efecto —dijo— ese modo de tratar las enfermedades parece convenir a esa clase de gentes.
—¿Y acaso —dije yo— no es porque tienen un oficio, y que sin trabajar no pueden vivir?
—Claro —dijo.
—En cambio, el rico, según se dice, no tiene ninguna clase de tarea a la que no pueda renunciar sin renunciar a la vida.
—Eso es lo que se dice, al menos.
—¿Has oído, pues, lo que dice Focílides?:
Es preciso cultivar la virtud cuando se tiene con qué vivir.[44]
—Creo que así debe hacerse, aun antes de tener con qué vivir.
—No le discutamos a Focílides —dije— la verdad de esta máxima; pero investiguemos nosotros mismos si el rico debe practicar la virtud, de modo que le sea imposible vivir cuando no la practique, o si la manía de atender a la enfermedad, que impide al carpintero y a otros artesanos atender sus oficios, impide igualmente al rico cumplir con la exhortación de Focílides.