La República
La República —¿No son estos los que debemos mirar como los verdaderos y los primeros guardianes, tanto respecto de los enemigos como de los ciudadanos, para quitar a éstos la voluntad y a aquéllos el poder de dañar, no siendo los jóvenes, a quienes damos el tÃtulo de guardianes, realmente más que ministros e instrumentos del pensamiento de los magistrados?[49]
—Lo pienso asà —dijo.
XXI.—¿De qué manera nos gobernaremos ahora —segu× para inventar para los magistrados o, por lo menos, para los demás ciudadanos, una mentira del género de aquellas que, según hemos dicho, son de grande utilidad?
—¿Cuál es ese género de mentira? —preguntó.
—No es nuevo —dije—, tiene su origen en Fenicia; y, por lo que dicen los poetas, que al parecer hablan convincentemente, es un hecho real que se ha verificado en muchos puntos. Pero en nuestros dÃas no ha tenido lugar, ni sé que pueda tenerlo en lo sucesivo. No es poco, si se consigue el hacerlo creer.
—Parece que tienes dificultad en decÃrnoslo —observó.
—Cuando lo hayas oÃdo, verás que no me falta razón para ello —repliqué.
—Habla y no temas nada —dijo.