La República
La República —Todo lo que nosotros, Adimanto, les ordenamos aquà no es tan importante como pudiera imaginarse, sino de poca monta. Interesa solamente observar un punto, el único grande, o más bien suficiente en vez de grande —dije.
—¿Cuál es? —preguntó.
—La educación y la crianza —contesté—. Si nuestros ciudadanos son bien educados y se hacen hombres en regla, verán por sà mismos fácilmente la importancia de todos estos puntos y de muchos otros que omitimos aquÃ, como todo lo relativo a las mujeres, al matrimonio y a la procreación de los hijos; y verán, digo, que según el proverbio, todas las cosas deben ser comunes entre los amigos.
—SerÃa lo mejor —dijo él.
—Más aún —dije—: en un Estado, si el primer impulso va bien, sigue agrandándose como el cÃrculo. Una buena crianza y educación forman buenos caracteres y éstos, asà imbuidos, se hacen capaces, entre otras cosas, de dar a luz hijos que les superan a ellos mismos en mérito, como sucede en los animales.
—Asà debe ser —dijo.