La República
La República XIV.—Ya comprendes ahora, sin duda alguna —dije yo—, cuál era mi pensamiento cuando decÃa que las cosas referidas en sà mismas a un objeto sólo se refieren a ese objeto en sà mismo; y que teniendo tal o cual relación con un objeto, son ellas tales o cuales. Por lo demás, no quiero decir por esto que una cosa sea tal como su objeto; que, por ejemplo, la ciencia de las cosas que sirven o dañan a la salud sea sana o enferma, ni que la ciencia del bien y del mal sea buena o mala; lo único que pretendo es que, puesto que tal ciencia no tiene el mismo objeto que la ciencia en general, sino que tiene uno determinado, es decir, lo que es útil o dañoso a la salud, esta ciencia resulta asà también determinada, lo que hace que no se le dé simplemente el nombre de ciencia, sino el de medicina, caracterizándola por su objeto.
—Comprendo tu pensamiento, y lo tengo por verdadero —dijo.
—¿No incluyes la sed —pregunté— en el número de las cosas que tienen relación con otras, y que se refieren a alguna cosa?
—Sà —dijo—, a la bebida.
—De manera que tal sed tiene relación con tal bebida, mientras que la sed en sà no es la sed de una tal bebida, buena o mala, en grande o en pequeña cantidad, sino simplemente de la bebida.
—Totalmente de acuerdo.