La República
La República —Este principio que les prohíbe beber, ¿no nace, cuando nace, del razonamiento? El que los lleva y arrastra a ello, ¿no es un resultado de sufrimientos y enfermedades?
—Tal parece.
—Tenemos, pues, derecho —proseguí— a decir que son éstas dos cosas distintas, y llamar racional a esta parte de nuestra alma que razona, y apetitiva, privada de razón, amiga de los goces y de los placeres, a esta otra parte del alma que es el principio del amor, del hambre, de la sed y de los demás deseos.
—No sin razón los consideraremos así.
—Sentemos, pues, como cierto —seguí— que estas dos especies se encuentran en nuestra alma. Pero la fogosidad y aquello por lo que nos enardecemos, ¿es una tercera especie?, ¿o será de la misma naturaleza que las otras dos?
—Quizá de la misma que la parte apetitiva.