La República
La República —Atiende y mira, pues —dije—, bajo cuántas formas, entiendo formas dignas de ser observadas, se presenta el vicio.
—Te sigo —dijo—. Habla.
—Pues bien —dije—, mirando desde la altura a que nos ha conducido esta conversación, me parece ver, como desde una atalaya, que la forma de la virtud es una, y que las del vicio son innumerables; sin embargo, pueden reducirse a cuatro las que merecen que nos ocupemos de ellas.
—¿Qué quieres decir? —preguntó.
—Quiero decir que el alma tiene tantas formas diferentes como el gobierno —dije.
—¿Cuántas?
—Cinco las del gobierno —repuse— y cinco las del alma.
—Di cuáles son —pidió.
—Digo, por lo pronto —respond×, que la forma de gobierno que nosotros hemos establecido es una, pero que se le pueden dar dos nombres. Si gobierna uno solo, se dará al gobierno el nombre de monarquÃa; y si la autoridad se divide entre muchos se llamará aristocracia.
—Verdad es —dijo.