La República
La República —Nada serÃa más contrario a la justicia —dijo.
—Luego es evidente que deberemos formar los matrimonios más santos que nos sea posible; y los más ventajosos serán, indudablemente, los más santos.
—Eso es evidente.
—Pero ¿cuáles serán los más ventajosos? A ti te toca decirlo, Glaucón. Veo que en tu casa crÃas perros de caza y aves de raza en gran número. ¿Te has fijado, por Zeus, en lo que se hace cuando se los quiere aparear para tener hijos de ellos?
—¿Qué se hace? —preguntó.
—¿No hay siempre entre estos animales, aunque todos sean de buena raza, algunos que superan a los demás?
—Los hay.
—¿Y es indiferente para ti tener hijos de todos, o prefieres tenerlos de los mejores?
—De los mejores.
—¿De los más jóvenes, de los más viejos, o de los que están en la flor de la edad?
—De los que están en la flor.
—Si no se tomaran todas estas precauciones, ¿no estás persuadido de que la raza de tus perros y de tus aves degenerarÃa bien pronto?
—Sà —admitió.
—¿Crees que sucederá algo distinto —pregunté— con los caballos y con los demás animales?
—SerÃa absurdo —dijo.