La República
La República —Esas mismas personas tendrán cuidado del alimento de los niños, conducirán las madres al hogar común en la época de asomar la leche, y harán de modo que ninguna de ellas pueda reconocer a su hijo. Si las madres no bastan para lactarles, harán que las auxilien otras; y respecto a las que tienen suficiente leche, procurarán que no la prodiguen demasiado. En cuanto a las veladas y demás cuidados menores, correrÃan a cargo de nodrizas mercenarias y de las ayas.
—En verdad, haces bien cómoda la maternidad para las mujeres de los guardianes —exclamó.
—Es conveniente —dije—; pero prosigamos lo que hemos comenzado. Hemos dicho que la procreación de los hijos debÃa tener lugar en la flor de la edad.[10]
—Cierto.
—Y la duración ordinaria de ese florecimiento, ¿no es de veinte años para la mujer y treinta para el varón?
—Pero ¿qué punto de partida fijas? —dijo.
—La mujer —dije— dará hijos al Estado desde los veinte a los cuarenta años, y el hombre desde que haya pasado el «momento de mayor Ãmpetu de su carrera»[11] hasta los cincuenta y cinco años.
—Es, en efecto, la época de la vida en que la mente y el cuerpo están en su mayor vigor —dijo.