La República
La República —Asà parece.
—No sólo asà parece, mi querido amigo, sino que es absolutamente necesario que el que ama a alguno ame todo lo que le pertenece y todo lo que tiene relación con él.
—Exacto —dijo.
—¿Y encontrarás algo que esté más estrechamente ligado con la ciencia que la verdad?
—¿Cómo podrÃa encontrarlo? —dijo.
—¿Es posible que tengan la misma naturaleza el amante de la sabidurÃa y el de la falsedad?
—De ningún modo.
—Por consiguiente, el espÃritu verdaderamente ávido de ciencia debe, desde la primera juventud, amar y buscar la verdad.
—Conforme en todo.
—Pero sabemos que cuando los deseos se dirigen con violencia hacia un objeto, tienen menos vivacidad respecto a todo lo demás, porque el torrente corre, por decirlo asÃ, en esta sola dirección.
—Sin duda.
—Por consiguiente, aquel cuyos deseos se dirigen hacia las ciencias sólo gusta de los placeres puros, que pertenecen al alma. Respecto a los del cuerpo, los desdeña, si no es filósofo fingido sino auténtico.
—Forzosamente.