La República
La República VI.—Ahora es preciso examinar —prosegu× cómo una Ãndole tan bella se corrompe y se pervierte, de suerte que son muy pocos los que escapan a la corrupción general, y éstos son, precisamente, aquellos a quienes se mira, no como perversos, sino como hombres inútiles. Después consideraremos cuál es el carácter de esos que imitan y suplantan en sus menesteres esa naturaleza y qué clase de almas son quienes, usurpando una profesión de que son indignos y que está fuera de sus alcances, incurren en mil extravÃos y ocasionan, en tu opinión, el descrédito universal de la filosofÃa.
—¿Cuáles son, entonces, las causas de corrupción a que te refieres? —preguntó.
—Voy a decÃrtelas, si soy capaz de ello —dije—. Por lo pronto, todo el mundo convendrá conmigo en que muy raras veces aparecen sobre la tierra hombres de Ãndole natural tan feliz que reúnan en sà todas las cualidades que exigimos en un verdadero filósofo; ¿no crees?
—En efecto.
—Mira ahora las causas poderosas que influyen para que se malogre este pequeño número.
—¿Cuáles son?