La República
La República —Pues bien, nótalo. ¿Tienen el oÃdo y la voz necesidad de una tercera cosa, el uno para oÃr, y la otra para ser oÃda, de suerte que si esta tercera cosa llega a faltar, el oÃdo no oÃrá ni tampoco la voz será oÃda?
—De ninguna —dijo[15.
—Creo también —dije yo— que la mayor parte de los demás sentidos, por no decir todos, no tienen necesidad de un medio semejante. ¿Hay alguna excepción?
—No, por cierto —dijo.
—Pero respecto de la vista, ¿no te has dado cuenta de que esta sà lo necesita?
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que aun cuando haya vista en los ojos y se los aplique a su uso, y el objeto tenga color, sin embargo, si no interviene una tercera cosa destinada a concurrir a la visión, los ojos no verán nada y los colores serán invisibles.
—¿Cuál es esa cosa que dices? —preguntó.
—Lo que llamas luz —contesté.
—Tienes razón —dijo.
—El sentido de la vista no tiene, por lo tanto, pequeña ventaja sobre los demás, que es la de estar unido a su objeto por un lazo de muchÃsimo valor, a no ser que se diga que la luz es una cosa despreciable.
—Está muy distante de serlo —dijo.