La República
La República —Lo mismo puedes decir que los seres inteligibles no sólo reciben del bien su inteligibilidad, sino también su ser y su esencia, aunque el bien mismo no sea esencia, sino una cosa muy por encima de la esencia en razón de dignidad y de poder.
XX.— ¡Gran Apolo! —exclamó Glaucón con suma gracia—. ¡Qué excelencia maravillosa!
—Tú tienes la culpa —repliqué yo—. ¿Por qué se me ha obligado a decir lo que pienso sobre esta materia?
—No te detengas, te lo suplico —dijo—, y acaba la comparación del bien con el sol, si aún falta algo.
—Verdaderamente sÃ, y aún falta mucho —dije.
—Pues te ruego que no omitas el menor detalle.
—Me temo —dije— que no dejarán de escapárseme muchos rasgos de semejanza, muy a pesar mÃo. Pero nada que pueda ser dicho ahora lo omitiré a sabiendas.
—No lo hagas —rogó.
—ImagÃnate que el bien y el sol son dos reyes, el uno del mundo inteligible y el otro del mundo visible; no digo del cielo por temor de que creas que, con ocasión de esta palabra, quiero dar lugar a un equÃvoco.[15] Aquà tienes, por consiguiente, dos especies de seres, unos visibles y otros inteligibles.
—Las tengo.