La República
La República —Tampoco es una gran ventaja para este gobierno la impotencia en que está de hacer la guerra, porque necesita para ello, o armar a la multitud, a la que tiene que temer más que al enemigo, o no servirse de ella y entrar en lucha con un ejército que merecerá entonces verdaderamente el nombre de oligárquico,[11] prescindiendo de que los ricos se niegan por avaricia a pagar los gastos de la guerra.
—Está muy lejos de ser una ventaja.
—Además, ¿no ves que los mismos ciudadanos son, a la vez, en este régimen, labradores, guerreros y comerciantes? ¿Y no hemos proscrito esta acumulación de muchos oficios en manos de un solo individuo? ¿O acaso te parece bien?
—En modo alguno.
—Mira ahora si el mayor y primer vicio de esta constitución no es el que voy a decir.
—¿Cuál?
—La libertad en que se deja a cada uno de deshacerse de sus bienes o de adquirir los de los demás; de permanecer en el Estado el que los ha vendido sin tener ninguna ocupación, sin ser artesano, ni comerciante, ni soldado, ni otro tÃtulo, en fin, que el de pobre e indigente.
—Sà que es el primer vicio —asintió.