La República
La República —¿No serán, ante todo, hombres libres en un Estado lleno de libertad y de franqueza, y no tendrá cada uno libertad para hacer lo que le venga en gana?
—Asà se dice —contestó.
—Pero dondequiera que exista esta licencia, es claro que cada ciudadano dispone de sà mismo y escoge a su placer el género de vida que más le agrada.
—Evidente.
—Por consiguiente, éste será el régimen con más clases distintas de hombres.
—¿Cómo no?
—En verdad, esta forma de gobierno —dije— tiene trazas de ser la más bella de todas, y esta diversidad prodigiosa de caracteres es de admirable efecto, como las flores bordadas que hacen resaltar la belleza de una tela. Por lo menos lo será —seguà diciendo— para aquellos que juzgan de las cosas como las mujeres y los niños cuando se emboban ante los objetos abigarrados.
—En efecto —dijo.
—En este Estado, mi querido amigo, puede cada uno buscar el género de gobierno que le acomode —proseguÃ.
—¿Por qué?