La República
La República —¿Llamas al tirano, por consiguiente —dije—, parricida y perverso sustentador de la vejez? Y he aquà que hemos llegado a lo que todo el mundo llama tiranÃa. El pueblo, queriendo evitar, como suele decirse, el humo de la esclavitud de los hombres libres, cae en el fuego del despotismo de los esclavos, y ve que la servidumbre más dura y más amarga sucede a una libertad excesiva y desordenada: la esclavitud bajo esclavos.
—Castigo casi siempre irremediable —dijo.
—Y bien —dije—, ¿podremos lisonjearnos de haber explicado de una manera satisfactoria la transición de la democracia a la tiranÃa y a las costumbres de este gobierno?
—La explicación es completa —dijo.