La República
La República —¿De qué manera? —preguntó.
—El tirano es el tercero después del hombre oligárquico, porque entre los dos se encuentra el hombre democrático.
—SÃ.
—Por consiguiente, si lo que dijimos antes es verdadero, el fantasma del placer que goza el tirano está tres veces más distante de la verdad que el que goza el oligárquico.
—Asà es.
—Pero si contamos por uno el hombre monárquico y el hombre aristocrático, el oligárquico es igualmente el tercero después de él.[9]
—Lo es, en efecto.
—Luego el tirano está alejado del verdadero placer el triple del triplo.
—SÃ, a mi parecer.
—Por consiguiente —dije—, la apariencia de placer del tirano, conforme a este número lineal, puede expresarse por un número plano.[10]
—Desde luego.
—Porque multiplicando este número por sà mismo, y elevándolo a la tercera potencia, es fácil ver cuántos grados está distante.
—Nada más fácil para un calculista —dijo.