La República
La República —Pero ¿qué entiendes por amigos? ¿Son los que nos parecen hombres de bien o los que lo son en realidad, aun cuando no los juzguemos tales? Otro tanto digo de los enemigos.
—Me parece natural amar a los que se cree buenos, y aborrecer a los que se cree malos.
—¿No es frecuente que los hombres se engañen sobre este punto y tengan por hombre de bien al que lo es sólo en la apariencia o por un bribón al que es hombre de bien?
—Convengo en ello.
—Aquellos a quienes esto sucede, ¿tienen por enemigos hombres de bien, y por amigos hombres malos?
—SÃ.
—Y asÃ, respecto de ellos, la justicia consiste en hacer bien a los malos y mal a los buenos.
—Asà parece.
—Pero los buenos, ¿son justos e incapaces de dañar a nadie?
—Asà es.
—Es justo, por consiguiente, según dices, causar mal a los que no nos lo causan.
—Nada de eso, Sócrates, y es un crimen decirlo —respondio.
—Luego será preciso decir que es justo hacer daño a los injustos y hacer bien a los justos —dije yo.