Las leyes
Las leyes ATENIENSE. —En todo Estado, en que, considerando como objeto de grande importancia el uso de los banquetes, se conduzcan todos conforme a las leyes y reglas que hemos prescrito; en que se ejercite y aprenda la templanza; y en que se permita de la misma manera y con las mismas limitaciones el uso de los demás placeres, para acostumbrarse a vencerlos; en un Estado, repito, en que se observe una práctica semejante, no puede menos de ser tal uso autorizado. Pero si sólo se consideran los banquetes como una diversión; si es permitido a cada cual beber cuanto quiera y con los que quiera, sin guardar otra regla que su capricho, jamás autorizaré con mi voto el uso de banquetes ya se trate de particulares ya de Estados, que se bailen en tales condiciones; por el contrario, preferirÃa en este caso a lo que se practica en Creta y en Lacedemonia, la ley establecida entre los cartagineses, ley que prohÃbe el vino a todos los que llevan las armas, y les obliga a no beber más que agua todo el tiempo que dure la guerra; y que dentro de murallas impone la misma prohibición a los esclavos de ambos sexos, a los magistrados durante el año que desempeñan su encargo, a los pilotos y a los jueces que están en el ejercicio de sus funciones, y a todos aquellos que deben asistir a una asamblea para deliberar sobre algún objeto importante; prohibiendo además a todos el beber durante el dÃa, a no ser los enfermos y los que tengan que reparar sus fuerzas, y a los casados durante la noche, cuando traten de engendrar hijos. Y aún podrÃan señalarse otras mil circunstancias, en que el buen sentido y las leyes deben prohibir el uso del vino. En tal caso, se necesitarÃan pocos viñedos en una ciudad, por grande que se la suponga; y en la distribución de tierras para el cultivo de las demás semillas y de todo lo que sirve para las necesidades de la vida, la parte destinada a viñedo serÃa la más pequeña. Tal es la disposición con que querÃa terminar nuestra conversación sobre este punto.