Las leyes
Las leyes ATENIENSE. —Dime, te lo suplico: ¿qué idea debemos formar de nuestra futura ciudad? No creas que te pregunte por el nombre que tiene hoy, ni por el que podrá dársele en lo sucesivo; lo tomará indudablemente o de su fundación, o de cualquier sitio, o rÃo, o fuente, o en fin, de cualquiera divinidad adorada en el paÃs. Lo que quiero saber, lo que yo exijo, es que me digas si ha de estar próxima al mar o estar situada tierra adentro.
CLINIAS. —Extranjero, la ciudad de que hablamos, debe de estar distante del mar como ochenta estadios.
ATENIENSE. —¿Hay cerca algún puerto o la costa es impracticable?
CLINIAS. —La costa es por todos los puntos de acceso muy cómodo y fácil.
ATENIENSE. —¡Por los dioses!, ¿qué es lo que me dices? ¿Y su territorio produce todo lo necesario a la vida o falta algo?
CLINIAS. —De casi nada carece.
ATENIENSE. —¿Cerca de ella habrá alguna otra ciudad?
CLINIAS. —No, y esta es la causa de enviar allà una colonia. Los habitantes de este paÃs fueron en otro tiempo trasplantados, y por esto aquel punto es un desierto hace muchÃsimos años.