Las leyes
Las leyes ATENIENSE. —Es tiempo, después de todo lo que acabamos de decir, de que pensemos en establecer magistrados en tu ciudad.
CLINIAS. —Tienes razón.
ATENIENSE. —El orden político abraza los dos objetos siguientes. El primero es la institución de las magistraturas, con la elección de las personas destinadas para desempeñarlas, el número de ellas y la manera de establecerlas. El otro objeto son las leyes, que es preciso prescribir a cada una de estas magistraturas, su naturaleza, su número y su calidad. Pero antes de proceder a la elección de los magistrados, detengámonos un momento, y digamos a este propósito algo, que no estará fuera de su lugar.
CLINIAS. —¿De qué se trata?
ATENIENSE. —De lo siguiente. Nadie ignora, que todo Estado, que se ha dado a sí mismo el mejor gobierno y las mejores leyes, si pone después a la cabeza magistrados incapaces, no sólo no sacará ningún provecho de la bondad de sus leyes y se expondrá a la burla de todo el mundo, sino que su mala elección será para él fuente de una infinidad de males y de calamidades.
CLINIAS. —Estoy de acuerdo contigo.
