Las leyes
Las leyes ATENIENSE. —Hemos dicho, y con razón, que una educación buena es la que puede dar al cuerpo y al alma toda la belleza y toda la perfección de que son susceptibles.
CLINIAS. —Sin duda.
ATENIENSE. —Mas para adquirir esta belleza, es de necesidad, en mi opinión, que el cuerpo se desenvuelva con perfecta regularidad desde la primera infancia.
CLINIAS. —Es cierto.
ATENIENSE. —¡Y qué!, ¿no habéis observado en todo animal, que su primer desarrollo es siempre el mayor y el más enérgico, hasta el punto que muchos disputan y sostienen que el cuerpo humano no adquiere en los veinte años siguientes el doble de la altura que tiene a los cinco años?
CLINIAS. —Es exacto.
ATENIENSE. —¿No sabemos también, que cuando el cuerpo se desarrolla más, si no se procura someterle a ejercicios frecuentes y proporcionados a sus fuerzas presentes, queda expuesto a una infinidad de enfermedades?
CLINIAS. —Sí.
ATENIENSE. —Y así, cuando el cuerpo se desarrolla más, es cuando tiene mayor necesidad de ejercicios.
CLINIAS. —Pero, extranjero, ¿impondremos más fatiga a los más jóvenes y hasta a los niños que acaban de nacer?