Las leyes
Las leyes También es conveniente dictar una ley general para contener los progresos de la impiedad, mostrada en las palabras y en las acciones, y disminuir la extravagancia de la superstición, prohibiendo los sacrificios que no estén permitidos por las leyes. Hela aquí; comprende a todos los ciudadanos sin excepción. Que nadie tenga en su casa altar particular, y el que desee hacer sacrificios, que acuda a los templos públicos; que se entreguen las víctimas a los sacerdotes y sacerdotisas encargados especialmente de la pureza de los sacrificios; que él mismo ore con los sacerdotes y sacerdotisas y con los demás asistentes que quieran hacerlo. Las razones que nos mueven a dictar esta ley son, que no es fácil erigir altares a los dioses, y que para conseguirlo se necesitan luces superiores. Además, es cosa frecuente, sobre todo entre las mujeres, los enfermos, los que corren algún peligro y se hallan en circunstancias criticas, o, por el contrario, entre los que han tenido en algo buena fortuna, el consagrar todo aquello que se les ocurre, prometer el ofrecimiento de sacrificios, y erigir capillas a los dioses, a los genios y a los hijos de los dioses. Lo mismo sucede con las personas a quienes aterran de día o de noche los espectros, y que al recordar diversas visiones que han visto en sueños, creen remediar todo esto erigiendo capillas y altares, y llenan con ello a todas las casas, todos los barrios, en una palabra, todos los lugares, ya estén o no purificados.