Las leyes
Las leyes Y comenzando por los tesoros que uno haya guardado para si o para sus descendientes, jamás formaré el propósito de descubrirlos; y si los encuentro, no tocaré a ellos, a no ser que sea un depósito de mis antepasados. Tampoco seguiré en este punto el dictamen de aquellos, que se llaman adivinos, los cuales, alegando cualquier pretexto, me aconsejarían que echara mano al depósito; porque no ganaría tanto en razón de riquezas al apropiármelo, como ganaría en razón de virtud y de justicia no tocando a él; y la pérdida que tendré será compensada con la adquisición de un bien mucho mayor, que se refiere a una parte más excelente de mí mismo, al preferir el aumento de justicia en mi alma al acrecentamiento de riquezas en mis cofres. La máxima de que no debe moverse lo que debe ser inmóvil alcanza a muchas cosas, y cuadra especialmente al caso de que hablamos. También es bueno dar crédito a lo que se dice comúnmente a este respecto; que los que pecan por este rumbo no son dichosos con sus hijos.