Teeteto
Teeteto SÓCRATES. —Pero el objeto de mi pregunta, Teeteto, no es saber cuáles son los objetos de las ciencias, porque no nos proponemos contarlas, sino conocer lo que es la ciencia en sà misma. ¿No es cierto lo que digo?
TEETETO. —Tienes razón.
SÓCRATES. —Considera lo que te voy a decir. Si se nos preguntase qué son ciertas cosas, bajas y comunes, por ejemplo, el barro, y respondiéramos que hay barro de olleros, barro de muñecas, barro de tejeros, ¿no nos pondrÃamos en ridÃculo?
TEETETO. —Probablemente.
SÓCRATES. —En primer lugar, porque creÃamos con nuestra respuesta dar lecciones al que nos interroga, repitiendo el barro y añadiendo los obreros que en él se emplean. ¿Crees tú que cuando se ignora la naturaleza de una cosa se sabe lo que su nombre significa?
TEETETO. —De ninguna manera.
SÓCRATES. —Asà pues, el que no tiene idea alguna de la ciencia, no comprende lo que es la ciencia de los zapateros.
TEETETO. —No; sin duda.
SÓCRATES. —La ignorancia de la ciencia lleva consigo la ignorancia del arte del zapatero y de cualquier otro arte.
TEETETO. —Es cierto.