Teeteto
Teeteto SÓCRATES. —Pues adelante, y puesto que tú mismo te pones en el camino, toma como ejemplo la preciosa respuesta de las raÃces, y asà como las has abarcado todas bajo una idea general, trata de incluir en igual forma todas las ciencias en una sola definición.
TEETETO. —Sabrás, Sócrates, que he ensayado más de una vez aclarar este punto, cuando oÃa hablar de ciertas cuestiones que se decÃa que procedÃan de ti, y hasta ahora no puedo persuadirme de haber encontrado una solución satisfactoria, ni he hallado a nadie que responda a esta cuestión como deseas. A pesar de eso, no renuncio a la esperanza de resolverla.
SÓCRATES. —Esto consiste en que experimentas los dolores de parto, mi querido Teeteto, porque tu alma no está vacÃa, sino preñada.
TEETETO. —Yo no lo sé, Sócrates, y solo puedo decir lo que pasa en mÃ.
SÓCRATES. —Pues bien, pobre inocente, ¿no has oÃdo decir que yo soy hijo de Fenarete, partera muy hábil y de mucha nombradÃa?
TEETETO. —SÃ, lo he oÃdo.
SÓCRATES. —¿Y no has oÃdo también que yo ejerzo la misma profesión?
TEETETO. —No.