Teeteto
Teeteto TERPSIÓN. —Es cierto; ya te lo habÃa oÃdo decir, y tuve siempre la intención de suplicarte que me la enseñaras, pero dilaté el decÃrtelo hasta ahora. ¿No podrÃamos verla en este momento? Como vengo del campo, tengo absolutamente necesidad de descanso.
EUCLIDES. —Como he acompañado a Teeteto hasta el Erineón, también lo necesito. Vamos, pues, y un esclavo leerá mientras que nosotros descansamos.
TERPSIÓN. —Tienes razón.
(Entran en casa de Euclides).
EUCLIDES. —He aquà el libro, Terpsión. En cuanto a la conversación, está escrita, no como si Sócrates me la refiriera, sino como si hablase directamente con los que tomaron parte en ella, que, según me dijo, fueron Teodoro y Teeteto. Para no entorpecer el discurso, he suprimido las frases: «he dicho, yo decÃa, conviene, lo negó» y otras semejantes, que no hacen más que interrumpir, y he creÃdo preferible que Sócrates hable directamente con ellos.
TERPSIÓN. —Me parece lo que has hecho muy racionalmente, Euclides.
EUCLIDES. —Vamos, toma este libro, tú, esclavo, y lee.
SÓCRATES — TEODORO — TEETETO.
