Comedias II
Comedias II
ACTO I
ESCENA PRIMERA
SELENIO, GIMNASIO, SIRA
SEL.— (Saliendo de su casa con Gimnasio y su madre.) Siempre te he querido yo mucho, Gimnasio de mi alma, y te he tenido por una verdadera amiga, y lo mismo a tu madre, pero lo que es hoy, me lo habéis hecho las dos bien patente: si fueras mi hermana, no hubieras podido tener más atenciones conmigo: creo que serÃa imposible si te digo lo que siento; hay que [5] ver la de veces que lo habéis dejado todo de lado por atenderme; por eso, no sabes cuánto es el cariño y el agradecimiento que os tengo.
GI.— La verdad es que tal como tú correspondes, no le cuesta a uno el visitarte y el hacerte servicios. No digas, el [10] agrado con que nos has ofrecido un almuerzo tan exquisito, desde luego que no lo olvidaremos tan fácilmente.
SEL.— Bien claro está con cuánto gusto lo he hecho y que estoy dispuesta a procurar siempre todo lo que me parezca que os va a complacer.
SI.— Yo digo como aquel que habÃa hecho una travesÃa con viento favorable y la mar en calma: qué bien haber venido [15] con tan buen viento2; es que hay que ver, cómo nos han tratado de bien; aparte de vuestro protocolo, no ha habido en tu casa nada que no me agradara.
SEL.— ¿Por qué?, dime.
