El Barril de Amontillado
El Barril de Amontillado —Por eso mismo le digo que tengo mis dudas —contesté—, e iba a cometer la tonterÃa de pagarlo como si se tratara de un exquisito amontillado, sin consultarle. No habÃa modo de encontrarle a usted, y temÃa perder la ocasión.
—¡Amontillado!
—Tengo mis dudas.
—¡Amontillado!
—Y he de pagarlo.
—¡Amontillado!
—Pero como supuse que estaba usted muy ocupado, iba ahora a buscar a Luchesi. Él es un buen entendido. Él me dirá…
—Luchesi es incapaz de distinguir el amontillado del jerez.
—Y, no obstante, hay imbéciles que creen que su paladar puede competir con el de usted.
—Vamos, vamos allá.
—¿Adónde?
—A sus bodegas.
—No mi querido amigo. No quiero abusar de su amabilidad. Preveo que tiene usted algún compromiso. Luchesi…
—No tengo ningún compromiso. Vamos.
