El escarabajo de oro
El escarabajo de oro —Exactamente. Esa equivocación originaba una diferencia de dos pulgadas y media, poco más o menos, en relación con la bala, es decir, en la posición de la estaca junto al árbol, y si el tesoro hubiera estado bajo la "bala", el error habrÃa tenido poca importancia; pero la "bala", y al mismo tiempo el punto más cercano al árbol, representaban simplemente dos puntos para establecer una lÃnea de dirección; claro está que el error, aunque insignificante al principio, aumentaba al avanzar siguiendo la lÃnea, y cuando hubimos llegado a una distancia de cincuenta pies, nos habÃa apartado por completo de la pista. Sin mi idea arraigada a fondo de que habÃa allà algo enterrado, todo nuestro trabajo hubiera sido inútil.
—Pero su grandilocuencia, su actitud balanceando el insecto, ¡cuán excesivamente estrambóticas! TenÃa yo la certeza de que estaba usted loco. Y ¿por qué insistió en dejar caer el escarabajo desde la calavera, en vez de una bala?
—¡Vaya! Para serle franco, me sentÃa algo molesto por sus claras sospechas respecto a mi sano juicio, y decidà castigarle algo, a mi manera, con un poquito de serena mixtificación. Por esa razón balanceaba yo el insecto, y por esa razón también quise dejarlo caer desde el árbol. Una observación que hizo usted acerca de su peso me sugirió esta última idea.