El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma Entretanto, el caballero a quien con tanta dificultad habÃan impedido que saltara sobre la mesa se apresuró a hacerlo y, tras de plantarse entre las botellas y vasos, comenzó una arenga que no dudo hubiera sido de primer orden de haber podido escucharla. En el mismo instante, el hombre cuyas predilecciones iban hacia las perinolas comenzó a girar por la estancia con inmensa energÃa, abiertos los brazos en ángulo recto con el cuerpo, con lo cual se parecÃa realmente a una peonza, y derribando a todo aquel que se le ponÃa en el camino. Entonces, al escuchar un increÃble ruido de botella descorchada y de vino espumante saliendo de ella, terminé por descubrir que procedÃa de la persona que habÃa imitado a una botella de champaña en el curso de la cena. Por su parte, el hombre-rana croaba como si la salvación de su alma dependiera de cada sonido que proferÃa. Y en mitad de todo esto alzábase el continuo rebuznar de un asno. En cuanto a mi buena amiga Madame Joyeuse, me daba verdadera lástima contemplar el estado de perplejidad en que se encontraba. Todo lo que hacÃa era quedarse en un rincón, al lado de la chimenea, repitiendo continuamente y con todas sus fuerzas: «¡Cocoricó-o-o-o-o!»