Eureka
Eureka Una analogía lógica puede guiarnos para elaborar una hipótesis sobre el futuro aún más terrible. Destruido necesariamente el equilibrio entre las fuerzas centrípetas y centrífugas de cada sistema, al alcanzar cierta proximidad al núcleo del grupo al cual pertenece, debe ocurrir de inmediato una precipitación caótica o en apariencia caótica de las lunas sobre los planetas, de los planetas sobre los soles y de los soles sobre los núcleos; y el resultado general de esta precipitación debe ser la reunión de los millones de estrellas ahora existentes en el firmamento, en una cantidad casi infinitamente menor de esferas casi infinitamente superiores. Siendo indeciblemente menos numerosos, los mundos de ese día serán inconmensurablemente más grandes que el nuestro. Entonces, entre insondables abismos, brillarán inimaginables soles. Pero todo esto será una magnificencia simplemente climatérica, presagio del gran fin. De este fin la nueva génesis descrita no puede ser sino una postergación muy parcial. Mientras se produce la consolidación, los grupos mismos, con una velocidad prodigiosamente creciente, se han precipitado hacia su propio centro general, y ahora, con una velocidad eléctrica mil veces mayor, sólo comparable a su grandeza material y a la pasión espiritual de su apetencia de unidad, los majestuosos sobrevivientes de la tribu de las estrellas se lanzan por fin a un abrazo común. La inevitable catástrofe se acerca.