La Caja oblonga
La Caja oblonga -Siéntese usted, señor Wyatt -replicó el capitán con alguna severidad -.
Terminará por hacer zozobrar el bote si no se está quieto. ¿No ve que la borda está al ras del agua?
-¡La caja! -vociferó Wyatt, siempre de pie -. ¡La caja, le digo! Capitán Hardy, no puede usted rehusarme lo que le pido... ¡No, no puede! . ¡No pesa casi nada..., apenas una nada! ¡Por la madre que le dio a luz, por el amor del cielo, por lo que más quiera... le imploro que volvamos a buscar la caja!
Durante un momento el capitán pareció conmovido por las súplicas, pero no tardó en recobrar su aire adusto y replicó:
-Señor Wyatt, usted está loco, y no lo escucharé. Siéntese le digo, o hará zozobrar el bote! ¡Vosotros sujetadlo... pronto... o saltará al agua...! ¡Ah... demasiado tarde!
En efecto, al decir el capitán estas palabras, Wyatt se habÃa arrojado al agua y, como todavÃa estábamos al socaire del buque, logró, tras un sobrehumano esfuerzo, sujetarse de una cuerda que colgaba a proa. Un instante después frenaba a cubierta y corrÃa frenéticamente hacia la escotilla que llevaba a los camarotes.