La Caja oblonga
La Caja oblonga -Por supuesto que se hundieron, y con la rapidez de una bala de plomo -repuso el capitán -. Sin embargo volverán a subir a la superficie... pero no antes de que la sal se disuelva.
-¡La sal! -exclamé.
- ¡Sh... ! -dijo el capitán, señalándome a la esposa y hermanas del muerto -. Ya hablaremos de esas cosas en un momento más oportuno.
Mucho sufrimos, y escapamos por muy poco de la muerte, pero la fortuna nos favoreció al igual que a nuestros camaradas de la chalupa. Más muertos que vivos, después de cuatro dÃas de horrible angustia, tocamos tierra en la playa opuesta a Roanoke Island. Permanecimos allà una semana pues los raqueros no nos trataron mal, y finalmente hallamos la manera de llegar a Nueva York. Un mes después de la pérdida del Independence, me encontré casualmente en Broadway con el capitán Hardy. Como es natural, nuestra conversación versó sobre el naufragio y, en especial, sobre el triste destino del pobre Wyatt. En esa ocasión me enteré de los detalles siguientes: