La esfinge
La esfinge Mi anfitrión, sin embargo, había recuperado en cierta medida la calma de su comportamiento, y me interrogó muy rigurosamente respecto a la configuración de la criatura visionaria. Cuando le hube satisfecho plenamente en este aspecto, suspiró profundamente, como si se hubiera liberado de una carga intolerable, y pasó a hablar, con lo que me pareció una calma cruel, de varios puntos de la filosofía especulativa, que hasta entonces habían sido objeto de discusión entre nosotros. Recuerdo que insistió muy especialmente (entre otras cosas) en la idea de que la principal fuente de error en todas las investigaciones humanas residía en la responsabilidad del entendimiento de infravalorar o sobrevalorar la importancia de un objeto, a través de la mera medición errónea de su propensión. «Para estimar adecuadamente, por ejemplo, la influencia que ejercerá sobre la humanidad en general la completa difusión de la democracia, la distancia de la época en la que dicha difusión puede llevarse a cabo no debería dejar de formar parte de la estimación. Sin embargo, ¿puede usted decirme un escritor sobre el tema del gobierno que haya pensado alguna vez que esta rama particular del tema merece ser discutida?»