Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Tan pronto pude recobrar mis trastornados sentidos, me sentí casi sofocado, arrastrándome en la oscuridad entre montones de tierra suelta, que caía sobre mí amenazando sepultarme vivo. Horriblemente alarmado ante esta idea, luché por enderezarme, cosa que finalmente conseguí. Me estuve inmóvil unos instantes, tratando de imaginar lo que había ocurrido y dónde me encontraba.
No tardé en escuchar un profundo quejido y en seguida la voz sofocada de Peters que me pedía, en nombre de Dios, que fuera en su ayuda. Di unos pasos, tambaleándome, hasta caer de bruces sobre la cabeza y hombros de mi compañero, que, como descubrí en seguida, había quedado metido hasta la cintura en una masa de tierra suelta y luchaba desesperadamente por zafarse de aquella terrible presión. Con todas las energías de que era capaz aparté la tierra que lo envolvía y logré finalmente extraerlo de allí.
Tan pronto nos hubimos recobrado suficientemente de nuestro espanto y sorpresa para poder hablar con calma, llegamos a la conclusión de que las paredes de la fisura por la cual nos habíamos aventurado acababan de desplomarse por alguna convulsión del suelo o por su propio peso, y que estábamos enterrados vivos y sin la menor esperanza de salvación.
