Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Durante los seis o siete días que siguieron permanecimos en nuestro escondrijo de la colina, saliendo una que otra vez con las mayores precauciones, a fin de aprovisionamos de agua y de avellanas. Habíamos construido una especie de cobertizo en la plataforma, instalando en él un lecho de hojas secas, así como tres grandes piedras planas que nos servían de hogar y de mesa. Encendíamos fuego sin dificultad frotando dos pedazos de madera seca, una dura y otra blanda. El pájaro que capturamos tan oportunamente resultó un excelente alimento, aunque de carne bastante dura. No era un ave oceánica, sino una especie de alcaraván de plumaje negro y grisáceo y alas muy pequeñas en proporción a su volumen. Más tarde vimos a tres de la misma especie en las vecindades de la hondonada que, al parecer, andaban en busca del que habíamos matado; pero, como nunca se posaron cerca, no tuvimos oportunidad de apresarlos.
