Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym El 20 del mes, luego de convencernos de que nos sería imposible sobrevivir si continuábamos comiendo avellanas, que nos producían los más terribles trastornos, resolvimos hacer una desesperada tentativa para bajar por el lado sur de la colina. En esta parte la pared del despeñadero era de la especie más blanda de esteatita y casi vertical en la mayor parte del descenso (cuya profundidad era por lo menos de ciento cincuenta pies); en algunas partes la pared llegaba a avanzar como un arco sobre el abismo.
Después de larga búsqueda descubrimos una angosta cornisa a unos veinte pies por debajo del borde del abismo; Peters logró saltar a ella, con la poca ayuda que le proporcioné mediante nuestros dos pañuelos atados. Bajé a mi vez, con bastante más trabajo, y comprobamos que había una posibilidad de descender en la misma forma en que habíamos trepado desde la caverna donde quedáramos enterrados con la caída de las rocas, vale decir haciendo peldaños en la esteatita con ayuda de nuestros cuchillos. Imposible imaginar lo azaroso y arriesgado de este procedimiento, pero como no nos quedaba otro recurso decidimos intentarlo.