Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Durante los minutos que siguieron a la partida del cocinero, Augustus se entregó a la desesperación, seguro de que jamás saldría con vida del camarote. Decidió hablar entonces con el primero de los hombres que bajara, e informarlo de mi situación, pensando que era preferible que yo corriera mi suerte con los amotinados y no que pereciera de sed en la bodega —puesto que llevaba diez días encerrado, y mi cántaro de agua no era provisión suficiente para cuatro. Mientras pensaba en esto, se le ocurrió repentinamente que quizá fuera posible comunicarse conmigo a través de la bodega principal. En cualquier otra circunstancia la dificultad y lo azaroso de esta empresa lo hubieran disuadido de intentarla; pero ahora sus probabilidades de sobrevivir eran bien escasas, y poco tenía en consecuencia que perder. Decidido, Augustus se entregó de lleno a reflexionar en la tentativa.
El primer problema lo constituyeron las esposas. Al principio le pareció imposible librarse de ellas, y temió que sus intenciones se vieran frustradas desde el comienzo; pero luego de examinarlas mejor, reparó en que podía soltar sus manos sin muchos esfuerzos ni inconvenientes, para lo cual bastaba tirar con cierta fuerza; aquellas esposas no servían para aprisionar a un hombre tan joven, cuyos huesos cedían a la presión.
