Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias «Déjelo usted que diga —me dijo luego Dupin, que no creyó necesario replicar—. El que vaya charlando; así se aliviará la conciencia. Por mi parte estoy satisfecho de haberlo vencido en su propio terreno. Sin embargo, el haberle fallado la solución de este misterio no es cosa tan extraña como él supone; porque en verdad, nuestro amigo el prefecto se pasa lo bastante de agudo para poder pensar con profundidad. Su ciencia carece de base. Es toda cabeza y no cuerpo, como las pinturas que representan a la diosa Laverna[9] o, por decir mejor, toda cabeza y espaldas, como un bacalao. Pero, en fin de cuentas, es una buena persona. Me agrada sobre todo por un truco maestro de su astucia, al cual debe el haber alcanzado su fama de hombre de talento. Me refiero a su manera “de nier ce qui est, et d’expliquer ce qui n’est pas”[10].