Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias El cielo se volvió lÃvido bajo la violencia de la tempestad, azotaba la lluvia la cabeza del hombre, y se desbordaban las olas del rÃo. Este, torturado, saltaba rizado en espuma. Y crujÃan los nenúfares en sus tallos.
El bosque se agitaba al viento. Se derrumbaba el trueno. Centelleaba el relámpago. Y el hombre, amo siempre, temblaba en la soledad, sentado sobre la roca.
Irritado, maldije con la maldición del silencio; maldije al rÃo y los nenúfares, al viento y al bosque, al cielo y al trueno, a los suspiros de los nenúfares… Entonces se tornaron mudos. Y cesó la luna en su lenta ruta por el cielo.
El trueno expiró y no centelleó el relámpago. Quedáronse quietas las nubes, descendieron las aguas de su lecho, y cesaron de agitarse los árboles. Ya no suspiraron los nenúfares. Ni se elevaba el menor rumor, ni la sombra de un sonido, en todo aquel gran desierto sin lÃmites.
Volvà a leer los caracteres grabados sobre la roca. HabÃan cambiado. Ahora decÃan esta palabra: SILENCIO.